Introducción. ¿Por qué hablar de ahorro?
Vivimos en una época de consumo inmediato, inflación crónica (según cada país y costumbre, bienvenidos a Argentina). Donde la incertidumbre es tema común y a diario se menciona la idea de “aprovechá hoy, porque mañana no vas a poder comprarlo… Viniste sin nada y te vas sin nada… si no viajás hoy, cuándo te vas a ir…” y muchas otras frases de este estilo.
El ahorro aparece muchas veces como algo imposible, viejo o “para otros”. También el ahorro no suele ser mayor a unos meses. Ya sea para viajar o cambiar el auto.
Ahorrar no es solo una práctica financiera, sino una decisión cultural y personal. Ya se dijo una vez que el ahorro es la base de la fortuna, veremos por qué.
Antes de hablar de instrumentos, conviene entender qué es ahorrar y qué implica.
¿Qué es el ahorro?
Ahorrar es postergar consumo presente para ganar margen de acción futura. Lo que parece tan correcto en palabras, en los hechos es más simple. Si tus ingresos son $1000, deberías gastar $800 o $900. Ese margen es lo que ahorras al mes. Puede ser poco al principio pero a medida que lo vas tomando como hábito, va aumentando.
No es solo “guardar dinero”. Es una actividad mental que empieza por la visión simple de gastar menos de lo que gano al mes. Es, también, administrar tiempo, esfuerzo y recursos.
El ahorro crea opciones, no riqueza automática. Si solamente ahorro y lo pongo en un escondite, no estoy generando absolutamente nada, solo tengo ahorro que puede tener varias desventajas. Es el primer paso ahorrar, luego hay que aprender a poner ese dinero (aunque empiece siendo poco) a trabajar para que nos dé más ingresos.
Recordemos algo fundamental: al principio siempre los movimientos son lentos, pausados y no conllevan grandes resultados, es el inicio del proceso.
Ahorro: libertad, elección, educación y cultura
No son cuatro palabras elegidas al azar, son elementos y características que se desbloquean cuando entramos en el plano del ahorro
Libertad: El ahorro amplía grados de libertad. Esto nos ayuda a reducir ampliamente la dependencia al crédito, a la necesidad del salario inmediato y a los malos hábitos de gastar lo que todavía no tenemos en el bolsillo.
Elección: Ahorrar nos permite decir “no” cuando hace falta. Cuando no tenemos dinero es más sencillo ponerlo de excusa para no comprar. Pero eso no significa ahorrar, sino buscar la salida simple. Cuando sabes que hay un respaldo y podes comprar, es más difícil decir no, de lo que uno cree. Ese control del impulso es categórico en la creación del hábito del ahorro.
Educación: Nadie ahorra bien sin educación económica básica. El problema no es solo ingresos, sino criterio. Sin caer en generalidades ni malos entendidos, pero a nivel global, Latinoamérica es una cultura sin educación financiera. Vivimos el hoy, no proyectamos a futuro. Ya es hora de cambiar la mentalidad y pasar al siguiente nivel.
Cultura: Sociedades con cultura de ahorro piensan a largo plazo. Esto no quiere decir que tengamos que cambiar de nacionalidad o importar cultura. El ahorro se aprende, se transmite y se imita. Empezando con simples pasos como gastar menos, formar un fondo de emergencia, no consumir todo lo que veamos, es más que suficiente para el inicio.
Tipos de ahorro más comunes (puede variar el nombre, pero el contenido es igual)
- Ahorro de resguardo: el objetivo es conservar valor. En este caso tenemos un perfil más prudente, defensivo (dinero escondido, anillo de oro de la abuela).
- Ahorro para objetivos: tiene como principal destino algo concreto que puede ser un viaje, para estudio, para un pequeño emprendimiento, etc. En este caso suele ser más ordenado, más consciente.
- Ahorro productivo: desde mi perspectiva el más interesante y que vamos a usar mucho. En este caso, no se queda quieto. Es el tipo de ahorro que busca crecer mediante una inversión. Lo que tengo de ahorro lo pongo a trabajar para generar más. También requiere mayor gado de conocimiento y tolerancia al riesgo. Es un proceso, un medio. No es un resultado “ya”.
- Ahorro forzado: el último caso puede ser de los más conocidos. Se usa para las jubilaciones o seguros de vida. Desde mi perspectiva es mejor que los dos primeros, pero sigue estando en un nivel inferior al invertido. No siempre es voluntario, pero cumple su función.
Todo ahorro, tarde o temprano, se vincula con algún mercado. No hay uno ideal, porque depende cada persona y de su perfil como inversor. Acá entra la educación financiera cuando uno está decidido a pasar al siguiente paso.
Siguiente paso natural
Nos podemos quedar solamente siendo ahorristas en donde generamos excedente y lo guardamos en casa. Podemos elegir entrar al Mercado financiero canalizando el excedente hacia financiamiento de Estados, empresas, etc. Podemos empezar a invertirlo con mayor riesgo (es el puente entre el ahorro y el crecimiento de capital).
Hago una aclaración muy importante: ahorrar no obliga a invertir, pero invertir sin haber ahorrado es casi imposible.
Cuando se habla de “el mercado”, generalmente se piensa en algo abstracto, lejano. Sin embargo, el mercado es un conjunto de espacios donde se encuentran decisiones humanas. Hay mercados donde se produce y se intercambia lo tangible: bienes, servicios, trabajo. Hay otros donde circula el dinero, el crédito y el ahorro, orientados hacia empresas, Estados o proyectos. Y también existen espacios donde el precio se mueve más por expectativas, emociones y lecturas del futuro que por realidades presentes.
Estos mercados están conectados entre sí. Lo que ocurre en uno (“a la suba o a la baja”) repercute en los demás. Comprender esta clasificación no busca etiquetar, sino ordenar el mapa: saber dónde estamos parados cuando decidimos ahorrar, invertir o asumir riesgos.
Tres perfiles frente al dinero (ahorro) y el riesgo
Si bien es una categorización desde hace décadas atrás, considero que sigue en vigencia.
El ahorrista: este perfil entiende que el dinero es una herramienta, no un fin. Antes de decidir, observa, estudia y se hace preguntas. No busca resultados inmediatos ni promesas extraordinarias, sino coherencia entre sus objetivos, su horizonte de tiempo y su tolerancia al riesgo. Su principal fortaleza es la disciplina y la paciencia.
El especulador (en sentido sano): no es un improvisado, aunque muchas veces se lo confunda con uno. Sabe que opera en terrenos de incertidumbre y asume ese riesgo de manera deliberada. Trabaja con escenarios, probabilidades y estrategias. Gana a veces, pierde otras, pero entiende por qué sucede cada cosa. Su juego no es emocional, sino estratégico.
El jugador o apostador: este perfil entra al mercado como quien entra a un casino: atraído por historias de ganancias rápidas y resultados “millonarios”. Decide desde el desconocimiento o sobre-confianza, suele llegar tarde a las oportunidades y se mueve por rumores, modas o impulsos. Confunde suerte con habilidad y riesgo con valentía. En general, no tiene un plan, solo esperanza. Y en economía, la esperanza sin conocimiento suele salir muy cara.
Admito que he sido apostador. No considero que esté mal, siempre y cuando se comience el camino del aprendizaje. En mis principios con este perfil gané y perdí. Cuando perdí empecé a leer, investigar el por qué. Hoy me defino como inversionista, tomo mis decisiones. Hay pérdidas, por supuesto, pero son menores que mis ganancias.
Ahorrar como punto de partida, no como fin
Juntar dinero no debe ser solamente acumular, es prepararse, comenzar el viaje y disfrutar todo el proceso.
El ahorro ordena, educa y desbloquea aptitudes de crecimiento. Entender el ahorro es el primer paso. El siguiente es aprender a decidir qué hacer con él.
