Cómo interpretar el endeudamiento de una empresa sin ser contador

Cuando analizamos una empresa para decidir si puede ser una buena inversión, solemos mirar sus ventas, sus ganancias, el crecimiento de sus ingresos o incluso cuánto cotiza su acción. Sin embargo, hay una parte del balance que muchas veces queda relegada y que puede decirnos muchísimo sobre la salud financiera del negocio: la deuda.

Escuchar que una empresa está endeudada puede generar una reacción inmediata: “eso es malo”. Pero en realidad no necesariamente es así. Las empresas utilizan deuda para comprar maquinaria, construir plantas, adquirir otras compañías, financiar proyectos o acelerar su crecimiento. El problema no está simplemente en cuánto debe una empresa, sino en cuánto debe en relación con lo que tiene, lo que gana y, fundamentalmente, lo que puede pagar.

En este artículo intentaré dar los primeros conceptos para aprender a interpretar el endeudamiento de una empresa. No reemplaza los estudios de otras profesiones, pero sirve mucho para invertir con decisión fuerte.

Deuda: el número por sí solo no dice demasiado

El primer error que podemos cometer es observar que una empresa tiene, por ejemplo, US$5.000 millones de deuda y concluir que se encuentra en una situación complicada.

¿Son muchos US$5.000 millones? Depende. Para una pequeña empresa pueden representar una carga enorme. Para una multinacional que genera miles de millones de dólares de flujo de caja todos los años, podrían formar parte de una estructura financiera perfectamente manejable.

El primer concepto que debemos incorporar es el de deuda financiera. Se trata, en términos simples, del dinero que la compañía debe a bancos, tenedores de bonos u otras instituciones financieras. En un balance suele aparecer separada entre obligaciones de corto y largo plazo.

Pero existe otro dato que conviene mirar junto con ella: el efectivo y las inversiones de corto plazo que posee la compañía. Esto nos permite acercarnos a la deuda neta, que podemos entender de una manera sencilla como la deuda financiera menos el efectivo disponible.

Esto es importante porque una empresa puede tener una deuda considerable, pero también una caja muy fuerte que le permita hacer frente a parte de esas obligaciones. Al inversor no debería interesarle solamente cuánto debe una compañía, sino también qué recursos tiene disponibles para responder.

Los ratios que debería conocer cualquier inversor

Uno de los indicadores más utilizados es la relación entre deuda y patrimonio, conocida como Debt-to-Equity. Compara cuánto financiamiento proveniente de deuda utiliza una empresa en relación con el capital aportado por sus accionistas.

Un ratio elevado puede indicar una mayor utilización del endeudamiento, aunque nuevamente no significa automáticamente que exista un problema. Hay sectores que funcionan naturalmente con niveles de deuda superiores a otros.

Por eso, una regla fundamental del análisis financiero es comparar empresas con modelos de negocio similares. No tiene demasiado sentido analizar el endeudamiento de una compañía eléctrica de la misma manera que el de una empresa tecnológica que prácticamente no necesita activos físicos para operar.

Otro indicador muy utilizado es Deuda Neta/EBITDA. Aquí intentamos relacionar el endeudamiento con la capacidad operativa de generación de resultados de la empresa.

Cuanto mayor sea este número, mayor será, en términos generales, el endeudamiento relativo respecto de la generación operativa de la compañía. Pero tampoco debemos convertir un determinado valor en una frontera universal entre “deuda buena” y “deuda mala”. Lo interesante es observar su evolución.

Si una empresa pasa de 1,5 veces EBITDA a 2,5 y luego a 4 veces, mientras sus ganancias no crecen al mismo ritmo, tenemos una señal que merece ser investigada. En cambio, si aumenta temporalmente su deuda para financiar una planta que posteriormente comienza a generar ingresos y el ratio vuelve a disminuir, la interpretación puede ser completamente diferente.

Pero todavía nos falta una pregunta fundamental: ¿puede la empresa pagar los intereses de esa deuda? Ahí aparece el ratio de cobertura de intereses. Este indicador compara el resultado operativo con los intereses que debe pagar la compañía.

Supongamos que una empresa genera US$500 millones de EBIT y debe pagar US$100 millones de intereses anuales. Su cobertura sería de 5 veces. Eso significa, simplificando, que su resultado operativo cubre cinco veces los intereses de su deuda.

Cuanto menor sea la cobertura, mayor atención debemos prestar. Una empresa con una cobertura muy reducida tiene menos margen para soportar una caída de sus ingresos, un aumento de sus costos o una suba de las tasas de interés.

Y si el resultado operativo comienza a acercarse demasiado al monto de los intereses, la deuda deja de ser una herramienta para financiar el crecimiento y comienza a convertirse en una amenaza para la estabilidad financiera.

La verdadera pregunta: ¿puede pagar?

Hasta acá hablamos de deuda, patrimonio, EBITDA y cobertura de intereses. Pero existe un concepto todavía más importante: el flujo de caja. Una empresa puede mostrar ganancias contables y, sin embargo, tener dificultades para generar efectivo.

Por eso, cuando analizamos el endeudamiento, deberíamos mirar también el flujo de caja operativo y el flujo de caja libre. El primero nos muestra cuánto efectivo genera la actividad habitual del negocio. El segundo intenta aproximarse al dinero que queda disponible después de las inversiones necesarias para mantener o desarrollar la operación.

Esto resulta especialmente importante porque una deuda se paga con dinero, no con ganancias contables.

Imaginemos una compañía que informa excelentes beneficios, pero al mismo tiempo necesita realizar inversiones enormes, acumula inventarios, tarda cada vez más en cobrar a sus clientes y termina generando poco efectivo. Su situación puede ser bastante menos saludable de lo que su cuenta de resultados parece indicar.

También debemos prestar atención al vencimiento de la deuda. No es lo mismo tener una deuda importante que vence dentro de diez años que tener una cantidad similar que debe refinanciarse durante los próximos doce meses.

En el segundo caso aparece el riesgo de liquidez. Si las condiciones del mercado empeoran, la empresa podría verse obligada a refinanciar a tasas mucho más altas o incluso tener dificultades para conseguir financiación. Por eso, además del monto total de la deuda, conviene revisar cuándo vence, qué tasa de interés paga, si es fija o variable y en qué moneda está denominada.

Una compañía argentina, por ejemplo, puede tener ingresos principalmente en pesos y deuda denominada en dólares. Si el tipo de cambio se mueve significativamente, esa deuda puede adquirir un peso mucho mayor sobre sus resultados y su capacidad de pago.

Deuda saludable o deuda peligrosa

Entonces, ¿cómo sabemos si el endeudamiento de una empresa es saludable? No existe un número mágico.

Una deuda puede ser saludable cuando financia inversiones productivas, cuando la empresa genera suficiente flujo de caja para pagar intereses y capital, cuando los vencimientos son manejables y cuando el negocio tiene capacidad para mantener o aumentar sus ingresos.

En cambio, la deuda comienza a resultar preocupante cuando crece más rápido que la capacidad de generación de efectivo, cuando los intereses consumen una parte cada vez mayor del resultado operativo, cuando los vencimientos se concentran en el corto plazo o cuando la compañía necesita endeudarse nuevamente simplemente para pagar obligaciones anteriores.

Ahí aparece una diferencia fundamental: una empresa puede utilizar deuda para crecer o puede utilizar deuda para sobrevivir. Desde afuera, ambas situaciones pueden parecer similares en un balance. El trabajo del inversor consiste en descubrir cuál de las dos está ocurriendo.

Conclusión

Analizar el endeudamiento de una empresa no significa convertirse en contador ni memorizar decenas de ratios. Significa aprender a hacer algunas preguntas básicas: ¿cuánto debe?, ¿cuánto efectivo tiene?, ¿cuánto genera?, ¿cuánto paga en intereses?, ¿cuándo vence su deuda? y, sobre todo, ¿tiene capacidad real para devolverla?

El verdadero análisis aparece cuando relacionamos la deuda con el negocio, el sector, los resultados, el flujo de caja y las perspectivas futuras. Endeudarse no convierte automáticamente a una empresa en una mala inversión.

El riesgo aparece cuando la deuda empieza a controlar a la empresa en lugar de ser la empresa la que controla su deuda.

Y esa diferencia, aunque parezca pequeña, puede cambiar por completo nuestra tesis de inversión.

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