Hay momentos en los mercados financieros en los que determinadas industrias comienzan a concentrar nuevamente la atención de los inversores. En las últimas semanas, dos de ellas volvieron a ocupar un lugar destacado: el petróleo y la inteligencia artificial.
El petróleo encontró un nuevo impulso a partir de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y las preocupaciones sobre el suministro mundial. El Brent llegó a superar los US$100 por barril, mientras las interrupciones en algunas rutas y la reducción de capacidad de refinación volvieron a poner a la energía en el centro de la escena.
Al mismo tiempo, el mercado tecnológico atraviesa una situación diferente. La inteligencia artificial continúa demandando enormes cantidades de infraestructura, chips, centros de datos y conexiones de alta velocidad, pero también comenzaron a aparecer dudas sobre cuánto tiempo puede mantenerse el actual ritmo de inversión. Esta semana, incluso algunas compañías vinculadas con la IA sufrieron fuertes caídas después de que distintos referentes del sector plantearan la necesidad de moderar el ritmo de desarrollo.
En este contexto aparecen cuatro empresas interesantes para analizar: APA Corporation, Devon Energy, Valero Energy, Intel y Corning. No porque necesariamente haya que comprarlas, sino porque permiten entender algo fundamental: una misma tendencia económica puede generar oportunidades muy diferentes dependiendo de dónde se encuentre una empresa dentro de la cadena de valor.
Petróleo: producir no es lo mismo que refinar
Cuando pensamos en una suba del petróleo, la primera reacción suele ser buscar compañías petroleras. Pero incluso dentro de ese sector existen modelos de negocio muy diferentes.
APA Corporation es un buen ejemplo de una compañía directamente vinculada con la producción de hidrocarburos. Durante el segundo trimestre de 2026 produjo aproximadamente 410.000 barriles equivalentes de petróleo por día y logró una producción estadounidense de petróleo de 123.500 barriles diarios, por encima de sus propias previsiones. Además, elevó su expectativa anual de producción de petróleo en Estados Unidos hasta 123.000 barriles diarios.
Esto es importante para comprender la relación entre precio del petróleo y beneficios empresariales. Cuando el precio del crudo aumenta, una compañía productora puede obtener mayores ingresos por cada barril vendido, aunque naturalmente también debe considerar sus costos de extracción, impuestos, inversiones y deuda.
Devon Energy presenta otra perspectiva. Después de completar su fusión con Coterra, Devon se convirtió en un productor de mayor escala. En el segundo trimestre produjo aproximadamente 503.000 barriles de petróleo diarios y generó US$1.700 millones de flujo de caja libre ajustado. La compañía también está ampliando su posición en la cuenca del Pérmico, uno de los principales centros de producción de petróleo estadounidense.
En ambos casos, entonces, existe una exposición relativamente directa al precio del petróleo.
Valero Energy no obtiene su principal beneficio simplemente porque el petróleo suba. Su negocio central es la refinación: compra petróleo, lo procesa y vende productos como gasolina y diésel. La variable fundamental pasa a ser el margen de refinación, conocido habitualmente como crack spread: la diferencia entre el valor de los productos refinados y el costo del crudo utilizado como materia prima.
En el segundo trimestre de 2026, Valero obtuvo US$3.700 millones de beneficio neto y US$4.500 millones de beneficio operativo en refinación, frente a US$1.300 millones en el mismo segmento durante el segundo trimestre de 2025.
Por eso, una suba del petróleo no significa automáticamente que todas las compañías del sector tengan el mismo comportamiento.
Para un productor, el petróleo caro puede significar mayores ingresos. Para una refinería, lo importante es cuánto puede ganar procesando ese petróleo.
Esa diferencia aparentemente pequeña es precisamente la clase de detalle que debería formar parte de cualquier análisis de acciones.
Inteligencia artificial: no todo pasa por fabricar el próximo gran chip
Algo similar sucede con la inteligencia artificial.
Durante los últimos años, la conversación se concentró especialmente en las compañías que fabrican procesadores y aceleradores capaces de ejecutar modelos de IA. Sin embargo, cuanto más crece la infraestructura necesaria para esta tecnología, más amplia se vuelve la cadena de valor.
Intel representa uno de los casos más conocidos.
La compañía viene intentando recuperar protagonismo en semiconductores mediante nuevos procesadores, fabricación avanzada y su negocio de foundry. En el segundo trimestre de 2026 alcanzó US$16.100 millones de ingresos, un crecimiento interanual del 25%, y señaló que la demanda vinculada con inteligencia artificial está impulsando nuevas oportunidades para sus CPU, ASIC, empaquetado avanzado y capacidad de fabricación.
Uno de los elementos centrales de la estrategia es Intel 18A, su proceso avanzado de fabricación. Durante junio, Intel informó que la versión 18A-P había entrado en producción de riesgo, mientras continúa desarrollando productos destinados tanto a computadoras con IA como a centros de datos.
Pero aquí aparece una empresa que muchas veces queda fuera de la conversación cuando hablamos de inteligencia artificial: Corning Incorporated.
Corning no fabrica el procesador que ejecuta un modelo de inteligencia artificial. Fabrica buena parte de la infraestructura que permite transportar los datos que esos sistemas necesitan.
En septiembre, Corning anunció con Verizon un acuerdo de varios miles de millones de dólares hasta 2032 para suministrar más de 80 millones de millas de fibra óptica y soluciones de conectividad. El proyecto contempla tanto la expansión de banda ancha como la construcción de infraestructura de alta capacidad destinada a las necesidades de los centros de datos y la IA generativa.
Intel apuesta a que la computación necesita mejores procesadores y sistemas. Corning participa en la infraestructura física necesaria para que enormes cantidades de información puedan desplazarse entre centros de datos, redes y usuarios.
La inteligencia artificial necesita chips, pero también necesita energía, refrigeración, centros de datos, redes y fibra óptica.
Y ahí aparece una enseñanza importante para cualquier inversor: cuando una tendencia se vuelve muy popular, no siempre las mejores oportunidades están en la empresa que ocupa el centro de la conversación.
La verdadera pregunta para el inversor
Petróleo e inteligencia artificial parecen pertenecer a mundos completamente diferentes. Sin embargo, ambos ejemplos permiten extraer una misma conclusión. No alcanza con identificar una tendencia. Hay que comprender cómo gana dinero cada empresa dentro de esa tendencia.
APA y Devon dependen en buena medida de la producción de hidrocarburos. Valero depende especialmente de los márgenes de refinación. Intel intenta capturar parte del crecimiento de la computación y los semiconductores. Corning participa desde un lugar menos visible, pero cada vez más importante: la conectividad óptica.
Por eso, cuando una noticia dice que “el petróleo sube” o que “la inteligencia artificial sigue creciendo”, la pregunta debería ser ¿Qué empresa se beneficia realmente y por qué?
Esa pregunta obliga a mirar ingresos, costos, deuda, inversiones, márgenes, flujo de caja y perspectivas futuras. Y, sobre todo, obliga a dejar de comprar una historia para comenzar a analizar un negocio.
Conclusión
Los mercados suelen simplificar las tendencias: petróleo, IA, chips, energía. Pero detrás de cada palabra existen decenas de empresas con modelos de negocio completamente diferentes.
El nuevo impulso del petróleo permite comparar productores como APA y Devon con una refinadora como Valero. El crecimiento de la inteligencia artificial, por su parte, permite observar tanto a Intel y sus semiconductores como a Corning y la infraestructura óptica que hace posible transportar los datos.
No alcanza con saber qué sector está de moda; hay que entender dónde está parado el negocio dentro de ese sector.
Una buena inversión es descubrir quién realmente gana dinero con ella y determinar si el precio que estamos pagando tiene sentido frente a ese potencial. Y para llegar a esa respuesta no existe un atajo: hace falta análisis, paciencia y, sobre todo, educación financiera.
