Moderna: de la vacuna contra el COVID a la próxima revolución del ARN mensajero

Hay empresas cuya historia bursátil parece resumirse en una sola palabra. En el caso de Moderna, durante varios años esa palabra fue COVID.

La compañía biotecnológica estadounidense se convirtió en una de las grandes protagonistas de la pandemia gracias a su vacuna de ARN mensajero. El éxito comercial de aquel producto llevó a su acción a niveles extraordinarios durante 2020 y 2021, cuando los inversores comenzaron a valorar a Moderna no solamente por lo que estaba ganando en ese momento, sino por lo que la tecnología del ARN mensajero podía llegar a representar para la medicina del futuro.

En agosto de 2021, la acción llegó a alcanzar un máximo intradía cercano a US$497,49. El 9 de agosto de ese año cerró en US$484,47.  Después llegó el proceso inverso.

La emergencia sanitaria comenzó a quedar atrás, la demanda extraordinaria de vacunas contra el COVID disminuyó y el mercado empezó a preguntarse cuánto de aquel crecimiento podía sostenerse. Moderna pasó de ser una de las empresas más admiradas de Wall Street a atravesar varios años de fuerte caída bursátil.

Pero en 2026 comenzó a aparecer una historia diferente. Y durante agosto esa historia dio un giro extraordinario.

De casi US$46 a más de US$140 en apenas tres meses

Para comprender el movimiento reciente hay que mirar primero la cotización.

El 1 de junio de 2026, Moderna cerró alrededor de US$46,06. Durante las primeras semanas del mes continuó moviéndose en niveles muy bajos: US$45,64 el 2 de junio, US$47,44 el 5 y US$49,64 el 11. Hacia mediados de junio comenzó una recuperación y el 26 de junio cerró en US$67,27.

Durante julio la recuperación continuó y la acción llegó a superar los US$80. Pero el verdadero cambio se produjo en agosto.

El 19 de agosto ocurrió algo extraordinario: Moderna anunció, junto con Merck, resultados positivos de un ensayo clínico de Fase 3 de intismeran autogene, anteriormente conocido como mRNA-4157/V940, una terapia personalizada de ARN mensajero contra el cáncer. El mercado reaccionó violentamente.

La acción llegó a subir más del 100 % durante la jornada y terminó cerrando en US$174,38, frente a los US$62,96 del día anterior. Reuters señaló que el movimiento agregó aproximadamente US$30.000 millones a la capitalización bursátil de Moderna.

Después de semejante salto era lógico observar una corrección. El 20 de agosto la acción retrocedió con fuerza y posteriormente continuó mostrando una volatilidad extraordinaria. El 31 de agosto cerró en US$140,34. Aun así, Moderna terminó agosto con una suba cercana al 156 %, convirtiéndose en una de las acciones de mejor comportamiento del S&P 500 durante el mes.

Por lo tanto, cuando vemos que Moderna está nuevamente alrededor de US$140, no estamos ante una simple recuperación técnica. El mercado está empezando a valorar que Moderna pueda convertirse en una compañía mucho más diversificada y menos dependiente del COVID.

¿Qué cambió?

Durante los últimos años, uno de los principales problemas de la compañía fue la dificultad para reemplazar los enormes ingresos generados por las vacunas contra el COVID.

En el segundo trimestre de 2026, registró ingresos por aproximadamente US$145 millones y una pérdida neta de US$0,8 mil millones. Sin embargo, la empresa mantiene una previsión de crecimiento de ingresos de hasta 10 % para todo 2026 y espera terminar el año entre US$4.700 y US$5.200 millones de efectivo.

Es decir, todavía no estamos frente a una empresa que haya recuperado las ganancias extraordinarias de la época de la pandemia. La expectativa está puesta en otra parte: su pipeline, es decir, el conjunto de medicamentos y vacunas que se encuentran en desarrollo. Y aquí aparece el acontecimiento que transformó nuevamente la percepción de los inversores.

El ensayo sobre principalmente vacuna contra el cáncer desarrollado junto con Merck alcanzó su objetivo principal de reducir la recurrencia del cáncer y también un objetivo secundario relacionado con la reducción de la propagación del cáncer. La importancia del resultado es enorme. No se trata simplemente de otra vacuna.

Si esta tecnología demuestra que puede funcionar de manera consistente, Moderna podría haber encontrado algo mucho más grande que un nuevo producto: una nueva plataforma terapéutica. Reuters calificó el resultado como un hito histórico para las vacunas terapéuticas de ARN mensajero y señaló que el tratamiento podría llegar a expandirse hacia otros tipos de cáncer.  Y ahí aparece la posibilidad que entusiasma nuevamente a Wall Street.

¿Puede Moderna volver a los precios de la pandemia?

Esta es probablemente la pregunta más interesante, pero también la que requiere mayor prudencia. Que Moderna haya vuelto a US$140 no significa que necesariamente vaya a regresar a US$300, US$400 o US$500.

El precio de 2021 respondió a circunstancias extraordinarias: una pandemia global, una demanda mundial masiva de vacunas, expectativas de crecimiento gigantescas y la percepción de que la plataforma de ARN mensajero podía transformar la medicina.

Repetir exactamente aquel escenario sería extremadamente difícil. Pero eso no significa que Moderna no pueda volver a alcanzar precios elevados por razones completamente diferentes. La diferencia estaría en que aquella valoración se apoyaba fundamentalmente en el negocio de vacunas contra el COVID, mientras que una futura valoración elevada podría depender de una cartera diversificada de productos exitosos.

Además del programa oncológico con Merck, Moderna está desarrollando vacunas y tratamientos contra otras enfermedades. Entre ellos se encuentran programas para influenza, influenza y COVID combinados, RSV, norovirus y otras enfermedades infecciosas. Su cartera oncológica con intismeran también contempla estudios en cáncer de pulmón, vejiga, riñón y otros tipos de tumores.

La vacuna contra la influenza constituye otro elemento importante. Moderna obtuvo en agosto la aprobación estadounidense de mFLUSIVA, convirtiéndose en la primera vacuna antigripal basada en ARN mensajero aprobada en Estados Unidos para determinados adultos. Pero probablemente el verdadero catalizador sea el cáncer.

Si intismeran consigue avanzar exitosamente hacia la aprobación regulatoria y posteriormente demuestra capacidad comercial, el mercado podría comenzar a valorar a Moderna como una empresa de oncología además de una compañía de vacunas.

Acá cambia completamente la dimensión de la oportunidad. No estamos hablando simplemente de recuperar las ventas perdidas del COVID. Estamos hablando de crear nuevas fuentes de ingresos potencialmente multimillonarias.

Sin embargo, todavía existen riesgos importantes. El ensayo completo debe ser presentado y analizado con mayor profundidad; todavía deben completarse los procesos regulatorios; el tratamiento deberá demostrar seguridad y eficacia a largo plazo; y, finalmente, habrá que comprobar cuánto estará dispuesto a pagar el sistema sanitario por una terapia personalizada de semejante complejidad.

Incluso Moderna continúa presentando pérdidas importantes. Por eso, comprar la acción únicamente porque “volvió a subir” sería exactamente el tipo de razonamiento que un inversor debería evitar.

¿Qué tendría que ocurrir para justificar una Moderna de US$200, US$300 o incluso US$400?

Si Moderna consigue transformar el éxito clínico de intismeran en un producto aprobado y comercialmente exitoso, mientras simultáneamente desarrolla nuevas vacunas y reduce su dependencia de COVID, podría comenzar a construirse una compañía mucho más diversificada.

Conclusión: Moderna ya no es la misma empresa

Quizás lo más interesante de Moderna en 2026 no sea preguntarse si volverá a US$500. La pregunta más interesante es si la Moderna que cotiza hoy puede convertirse en una empresa diferente de aquella que alcanzó ese precio durante la pandemia.

Hace cinco años el mercado compraba una historia basada en una vacuna que el mundo necesitaba desesperadamente. Hoy comienza a comprar otra historia: una plataforma tecnológica capaz de desarrollar vacunas y tratamientos para múltiples enfermedades. La diferencia es enorme.

La acción pasó de aproximadamente US$46 a comienzos de junio a alrededor de US$140 al cierre de agosto, con un pico superior a US$174 durante agosto. Pero esa impresionante recuperación no debería interpretarse como una señal automática de compra.

Para un inversor, Moderna representa más bien un excelente caso de estudio sobre cómo funciona el mercado y cómo el precio puede cambiar en cuestión de horas cuando cambia la expectativa sobre el valor futuro de una empresa.

Antes de preguntarse cuánto puede subir una acción, conviene preguntarse qué tendría que suceder para que ese precio esté justificado. En esta empresa puntual, la respuesta está en saber si el ARN mensajero puede convertirse, esta vez, en una plataforma capaz de transformar el tratamiento de enfermedades mucho más allá de una pandemia.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio